Luna llena de mayo
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- 29 may 2018
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Hoy es martes 29 de mayo del año 2018, y es noche de Luna llena. Esa fase que pone a tanta gente intensa. Pues bien, este texto no es la clase de literatura que suelo escribir, espero no seguir con esta línea a menudo. No hay garantías, pero hoy seré un tanto poético. Hoy que es Luna llena.

Es hora de contar historias. Póngase cómodo, quítese algo, tienda la ropa, relájese, fume, afile su cuchilla, respire, observe. Haga lo que sus capacidades le permitan.
¿Cómo se supone que siga esto? No empieza, y ya quiero que termine.
Ya lo dije antes, podría parecer poca cosa desde tu distancia, de esa que prefieres. Lo magnífico hace perder la cabeza y, que nos olvidemos del arte minimalista. Lo triste es que comunicarse es un arte pero no una simpleza. En cuanto a mí, sigo metiéndome en la cabeza que hay mil maneras de apreciar simplezas, pero el tiempo se vuelve en contra otra vez. Qué fastidio. De ti, no se puede decir más de lo que eres. De ambos, hasta hoy… No se concluye nada.
Hoy el vino influyó, y para aquellos que nos dimos una copa, la noche se convirtió en musa perfecta. La luna –tan radiante como perla perdida– me invita a confesarle cosas que ya ella sabe, todo porque las hago en la noche. ¿Tienes algo más que contar? Al parecer me respondía, (…) No, me dije yo mismo. Me marché con orgullo, subí el volumen de la música sueca y cambié de idea. Después del si, le dije: tú que tienes la oportunidad de ver lo que pasa en la noche y en algunas tardes –si el sol– te lo permite, haz que la grandeza que presentas hoy ilumine primero las mentes y luego el camino. De nada vale caminar sin rumbo. Hoy te miré descontento, apenado, te hablé y me respondiste. Lo sé, por eso estoy escribiendo como un loco. Algo bueno deja la sensación de vulnerabilidad: musa y, lo que surge de la necesidad; esperanza. Entonces, ¿soy yo el que en realidad está loco? Dejarás que el sol también sea testigo de lo que hago por amor. Atrévete a eclipsar, de lo demás yo me encargo.
De vez en cuando percibo algunas aficiones en estado de sobredosis, las más comunes, las manejo perfectamente con los dedos, de las otras se encarga la vista. Esa parte me enamora, imaginar lo que deseo me hace volver a creer en el arte. Lo cierto es que mis visiones favoritas suelen ser ensayos o cualquier escrito con pretensiones humorísticas y, hoy poéticas. Todo depende del entorno y la provocación de crear lo que para mí es mi propia obra maestra. Es una especie de aquiescencia mental y física impartida por mis voluntades. Y que si le da con reproducirse, ojalá que las preñe la excitación. Estoy seguro que las grandes composiciones nacen de los momentos oscuros que se viven en soledad. No creo en la perfección ni me gusta prometer, soy tan imperfecto como el día y la noche. Me considero alguien con un ilimitado poder de fascinación, pero no lo soy. Casi todo caduca en mí.
De lejos hay cosas que dan una visión de ser simples, pero de cerca son mucho más. Quién quiera puede acercarse, apreciarlo como muestra de afecto. Puede ser muy claro a simple vista, sin esfuerzos ni dificultades. Solo requiere abrir los ojos, sentir que respiras, sentir que lates y, dejarte llevar por la parte derecha de tu cerebro. Es ahí cuando comprendes el minimalismo.

Había titulado este texto así: ¨aprovecha el momento¨, pero no.

Eso es todo.