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Plasta que sigue embarrando

  • Contenido Autárquico
  • 27 jul 2018
  • 5 Min. de lectura

“fue como decir : ´me la hinchas´ o ´me la mascas´ o esa que se ha vuelto más popular ´me la sudas´ para entender lo que dejó entrelíneas”
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Una vez un profesor dijo: ¨hay personas que se les debería lavar la boca con clorox¨. En aquél entones (2010-2011) me pareció un comentario fuera de lugar. Para ese tiempo yo era muy reflexivo. El desencanto que eso produjo en mí, hizo que mi interés por la clase se fuera al piso. Hace bastante tiempo de eso, hoy día, me encantaría poder encontrarme con ese profesor de aquella clase que ni recuerdo para invitarlo a darnos varios palos de ron (del que sea) y luego medio borracho idolatrar su forma de pensar. Y hacerlo por buen rato. Resulta, que la percepción sobre alguien es una de esas cosas que cambia de un momento a otro. Es algo que todos deberíamos saber y que la historia de la humanidad lo avala.

Y es que hay personas que para desgracia de otros, tienen muy desarrollada la capacidad de embarrar cualquier momento que se pase bien en grupo. Ellos (los que la embarran) de vez en cuando son gente común que igual pueden ser víctima de cualquier charlatanería que sucede en la calle. Y considerando que pasan cosas peligrosas uno debe tener precaución.

Y precisamente, precaución fue lo que tuve la vez que mientras intentaba dirigir la musa; la vista, los dedos, la mente y, la gente de todo aquél recinto lleno de personas que al igual que yo les gusta sentarse a escribir sobre algo sin importar que con su escrito le salve o le joda la vida a alguien, fui interrumpido cantidad de veces por un señor que me hacía preguntas y antes de que yo respondiera, ya él tenía una respuesta de su propia pregunta. Técnicamente lo que en términos científicos llaman; comportamiento anómalo y en la calle; entrometido de mierda. ¨No hay que escribir de política exclusivamente para llamar la atención de diez o de mil personas¨, fue lo que contesté en una de sus desatinadas preguntas cuando aquél desmesurado colega me aseguraba –y mirándome a los ojos- que a la escritura solo la salva la política y las novelas de 20 capítulos. Y que si tenía ganas de escribir y también de divertirme debía teclear sobre el sexo y todas sus vertientes. Según él, el mundo y principalmente la gente de habla hispana solo piensan en sexo. ¡Qué fuerte! Suerte tuve que contesté antes de que él adelantara su propia retribución. Al final del día, terminé haciendo lo que necesitaba hacer, que era escribir de algo que no fuera política ni religión y mucho menos sexo. Me senté, me concentré y tecleé este ensayo…

Pero antes, hoy que quiero escribir garantizo a quienes me leen que como de costumbre, cuando escribo solo porque quiero llenar dos o tres páginas sin tener un tema específico, leerán sobre asuntos que nada tienen que ver pero igual se dirige a un mismo fin, a ese fin que necesito crear. Puntualizo una gama de ideas y confusiones que permanecerán fieles al lector el tiempo justo y necesario.

Ahí te va...

Me quedé asombrado, los labios me temblaban, tenía ganas de que llegara una ventolera y me soplara bien lejos de aquella persona que perdió el orgullo y en pleno espacio llenito de gente soltó la lengua sin encomendarse a nadie. Pasaban los segundos como horas en salas de médicos y yo aún añoraba que una brisa bien fuerte me tirara al carajo con todo y silla, la idea era desaparecer de aquel lugar. Nunca pude entender qué fue lo que provocó que aquella persona de aspecto saludable reaccionara tan efusivamente frente a tanta gente. Lo que sí entendí es que de un momento a otro comencé a sentir apego o alguna cosa de esa que provoca química con alguien, eso fue una cosa bien extraña. Juraría que desde ese momento comprendí la razón de aquella canción que escuché hace tiempo y que quedó indeleble en mi mente, la canción decía (pero en inglés) ¨por eso es que gente como tú, coge con gente como yo¨ coge de chingar. Obvio la canción decía cosas más brillantes que esas. Volviendo al ejemplo de la canción, no es que tenía ganas de acostarme con nadie, sino que por eso es que repetimos lo mismo generación en generación, somos una especie de vida que compartimos demasiadas cosas y en definitivas en algún momento a todos la vida será color de rosa y en otro momento será marrón como la caca. Somos tan iguales como tan distintos. Algarete.

El punto con lo que había presenciado y de hecho con la canción que se llama Samantha del grupo Hole, es que comienzo a creer en segundas oportunidades, sin embargo, me aterra caer en esa gastadísima frase de que si das una oportunidad a alguien eres capaz de dar dos, tres y hasta cuatro oportunidades. Sin querer, ajá, si claro. Una vez le dije a alguien que estimo mucho que ya era hora de que dejara su pasado en el olvido y le diera una nueva oportunidad a esa persona que le merodeaba. Hoy en día, aborrezco a más no poder aquél consejo. Pero como siempre hay un nuevo día, pensaré que no todo está acabado. De lo malo se aprende. Así que me volveré reflexivo nuevamente. A ver qué tal me va, porque llevo años siendo un poco descarado.

Y dice así...

Cuentan que se desamparó de su propia esperanza aún siendo una persona tan radicada en lo correcto. Cayó en la mala racha, en el mal trayecto. En esa cabronería. De lo malo pasó a lo peor y no fue capaz ni siquiera de aprobar su entrometida actitud de intolerancia, esa que intranquiliza a los demás como fatiga que da a media noche. Pero esta persona va más allá. Juraría que es una mierda ser imparcial ante él. Me reprime mi propio morbo solo pensarlo. Lo peor de esa parte miserable en su vida, fue el descuido al que sometió su cuerpo, se calló en cantos sin necesidad de fusilarse, aunque haciéndolo, salía mejor; se ahorraba mucho dilema. Y de paso le ahorraba muchos a gran cantidad de gente. Nadie, sin excepciones, puede pasarse la vida de largo sin que ella misma te pase por encima y que la pasada sea bien larga como carretera de Arizona. Se va quebrantando uno lentamente y es el último en enterarse. ¡Qué cosa tan molestosa! me pone los pelos de punta. Su desobediencia con el bien y con el mal le toleró lo que pudo, lo que su mente aguantó, un poco más y le perdemos. Qué bronca para el que nada tiene que ver con nada, para el que llega un poquito de tiempo después, ese se jodió: carga con todo y nadie se sienta a explicarle el por qué de cada cosa. Un día hizo un gesto de esos que uno interpreta de inmediato el desapego o falta de interés hacia algo o alguien, fue como decir ¨me la hinchas¨ o ¨me la mascas¨ o esa que se ha vuelto más popular ¨me la sudas¨ para entender lo que dejó entrelíneas. Pero ¿quién en realidad ha calado hondo en plena fiesta mundana? Un fulano mis cojones, tiene nombre y lo conozco, me sigue a cada momento, lo veo en el espejo, siento su respiración. Qué desmesurado me he vuelto. Soy como la plasta que sigue embarrando.

Y ya eso.

A bueno! También quiero recordarte que pronto estrenaré el nuevo docureality: Retando mi género.

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