Un día a la vez
- Contenido Autárquico / Gerry Onel Martínez
- 27 ene 2019
- 2 Min. de lectura

Experimenté una sensación estupenda, por lo tanto restringida. Como pasa siempre que se vive como si no hubiese mañana. Empeñado en que hay que trabajar duro ahora para no fajarse de viejo. Que si los ahorros, que si el plan médico, la carrera profesional interminable -con préstamos incluidos-, las propiedades, los muebles, los otros préstamos, que si el lunes que si el viernes. Un poco de estrés, situaciones provocadoras de fatiga diría yo.
¿En qué momento puedo hacer lo que me de la gana? Conozco las respuestas, es algo que me pregunto a mí mismo y que usualmente hago para ejercitar la mente, que la pobre se confunde de vez en cuando. El punto es que tengo muy claro que cada cual debe planificarse, ser responsable y tal, pero al grano, lo gustoso es escaso; con reglas y costoso y, si a eso se le suma el poco tiempo que tenemos para recrearnos, se nos arruga la piel y ya no tenemos energía para conocer la nieve: los lagos, escalar montañas, bailar, emprender, experimentar, sudar, terminar y comenzar de nuevo. Y por otro lado, si no fajáis trabajando, no ganáis un caray.
Mi no es rotundo cuando intentan proceder con la cantaleta de que debo priorizar mis deberes, que ya no soy jovencito y que debo tomar la vida más en serio. ¡Qué más en serio que dormir lo suficiente para tener energía, comer lo que me gusta para satisfacerme, desplazarme por donde me sienta atraído y hacer lo que me, exacto, de la gana! Tienes que pensar en el futuro, sale de la boca de algunos, principalmente familiares, los amigos dicen otras cosas. Y me pregunto: ¿en qué futuro debo pensar?; ¿este futuro de mañana o el futuro de cuando tenga 40 años? A mí nunca me ha gustado esperar, por lo tanto, el futuro lo veo muy lejos, por eso, hago de forma innata lo que mi instinto dice, independientemente si es correcto o no. Total, lo inmoral no necesariamente es ilegal. Qué no es que yo me desempeñe incorrectamente (suponiendo una reacción literal). Así que concluyo recalcando (por si algún conocido me lee) que mi plan es fácil y sencillo: vivir un día a la vez. No hay de otra. ¿O se te ocurre algo? Pregunto…
A propósito, la breve sensación estupenda que experimenté fue precisamente dormir maravillosamente más de ocho horas dos noches corridas. Pero solo dos, la tercera…¿cuál tercera? Eso no fue dormir, eso fue pegar pelo con pelo, virarme dos veces, bostezar y, apagar la alarma que hay deberes. Pero no me enojaré, a lo mejor mañana vuelva a dormir tan placentera noche, y digo a lo mejor porque ya no me planifico, que pase lo que pase, un día a la vez.
Y bueno espero que luego de leer esto consideres ser feliz haciendo lo que te de la gana. Y que además te esmeres en poner fe en cada cosa que haces y no te olvides de pedirle al universo lo que debe ser tuyo. También te invito a que veas este vídeo y suscríbete a Contenido Autárquico en YouTube.