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Pácata y púcutu

  • Contenido Autárquico / Gerry Onel Martínez
  • 16 feb 2019
  • 2 Min. de lectura

ContenidoAutárquico

Esta mañana, mientas me lavaba los dientes frente del espejo rectangular que tengo en el baño, me acordé que con apenas 10 meses viviendo fuera de mi país de origen; Puerto Rico, he cambiado mi forma de hablar. Suelo tener conversaciones conmigo mismo pero, esta vez no lo estaba haciendo. Sino que la noche anterior salí a jugar billar con unos amigos y me escuché con otra entonación. Mis acentos estaban en desacuerdo total con mi forma natural de hablar. Y me acordé porque el marco del espejo me trasladó al plano en el que posé para una foto con mis amigos boricuas y mejicanos. Vivo en Tijuana Baja California y adoro cuando mis amigos mejicanos me cuentan las veces que grito: pácata cada que meto la bola en el hoyo, las veces que salimos a recrearnos.

Antes de la foto, les decía algunas palabras de uso común en Puerto Rico, que las tengo tan arraigadas, que me cuesta trabajo dejar de mencionarlas y de no sustituirlas por un sinónimo tijuanense. Como por ejemplo; jendío, como casi siempre terminan algunos de ellos. Lo hacía porque a veces siento que mal interpretan algunas frases. Ellos, (mis amigos de Tijuana) se aprendieron el significado muy rápido y eso me tranquiliza porque las veces que no me entienden, no es porque sustituyo la –l por la r– o viceversa, o tampoco porque hable a una velocidad olímpica, sino por la elección de palabras. Ya sabes, esas bien boricuas.

De hecho, cuando llegó el turno de la típica pregunta del por qué hablamos con la l preguntaron algo así como, ¨¿cuál es la mejol comida de Puelto Lico?¨. Ahí justifiqué el por qué de ese modo de hablar de algunos países caribeños. ¨Que si los andaluces, los canarios, los lazos marítimos comerciales¨, creo haberles instruirles un poco. Sin embargo, mientras se lo explicaba, lo hacía imitando el acento de ellos, como si por cambiarlo ellos fuesen a entender mejor. Y claro, también les dije que mi plato favorito es el fricasé de pollo con miles de tostones. El punto es que allí, lavándome los dientes, me di cuenta que es maravilloso apreciar otras entonaciones y que no es difícil comprender que cada región tiene un acento con historia, y que la forma de hablar es algo innato que cada cual debe entonar con orgullo. Terminé el tema diciéndoles algo así como: ¨no te vayas a paltir el deo abriendo la botella¨. Pero el mesero fue muy gentil y nos la abrió. Hicimos un brindis, ellos imitando mi acento decían cosas como: acho vamoj a blindar por Gerry. A lo que yo le respondí la típica frase: es toooooodo. Cosa de seguir el juego de imitaciones. Al final, todos dijimos gracias, excepto mi amiga Mayra que se le dificulta pronunciar la r. Ella dijo glazias. Y púcutu, todos nos reímos con el mismo acento.

Y bueno, lo que querían saber (claro algunas personas) ya he comenzado las grabaciones del nuevo docureality y la verdad es que estará bien entretenido. Pronto les daré más noticias. He estado en reposo durante varios meses, pero ahora se vienen cosas nuevas. Ya nada me quitará el enfoque. Pácata!


 
 
 
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