Mosqueo: el mal de los entrometidos
- Contenido Autárquico / Gerry Onel Martínez
- 13 abr 2019
- 2 Min. de lectura
Nota: Este ensayo o como siempre digo, esta palabrería, no es una indirecta para nadie. Sino un desahogo que hace rato debió ser expuesto, pero qué carajos, no todo está perdido, nunca es tarde para sentir inspiración por la gente que simpatiza con el mosqueo en su máximo esplendor. No fallan, se cuelan por todos lados.

En el dichoso “latín vulgar”, y todo lo que eso signifique, el entrometimiento no es una forma de sobresalir entre un montón de gente que comparte muchas cosas en común. No lo es por donde quiera que se rebusque.
Sin arrimar en ninguna postura obscena de la que luego llegara a sentir vergüenza, considero que es insensato, provocador y de muy mal gusto anteponer cualquier interés personal sin ni siquiera hacer el esfuerzo de comprender el punto de vista de otro ser humano –capaz de discernir- para lograr que haya una relación llevadera. Es hasta irresponsable.
En un ligero ejercicio tratando de entender ese tipo de comportamiento en algunas personas, concluí (sin vacilar) que me resulta infame, carente de estimación, incluso de honra, internalizar que en efecto, sí existe esa clase de gente con esa personalidad indiscreta. ¿Es posible aventurarse en plena noche con el fin de no perderse de nada, de acapararlo todo? Quienes lo son -y les conozco con nombre y apellido-, tal estilo indigna, y lo hace con desfachatez. Así lo considero.
Sin embargo, al mínimo intento de comprenderles a la misma vez que voy encogiendo mis pequeños dedos gorditos, llego a sentir apego aunque me irrite. He llegado a ponerme en esa posición y vuela mi retrospectiva. Es por eso quizá, que debo agradecer el tener una boca que produce ruido y que tengo un semblante que hace miles de gestos. Además, debo también agradecerle a la vida, que con el pasar de los años y de las tantas experiencias que he conseguido, he logrado desarrollar la capacidad de tener paciencia cuando algo se sale de control o cuando alguien me está jodiendo demasiado. Esa indagación por parte de esas personas -cuya identidad protagoniza estas letras- en cosas que no les debería importar, se vuelve interminable. Esa entrometida participación que se produce sin ser permitida me produce coraje. No me canso de decirlo, ni siquiera de escribirlo. Lo bueno de tener paciencia cuando eso sucede, es lo bien merecido que resulta terminar la noche con tres copitas encima y un vaivén que te pone sabrosito, de esas veces que si no tienes pareja, consigues una solo por desquitarte con algo.
A causa de varias situaciones parecidas y en las que me ha tocado ser testigo, fue que me animé y paré de pensar en todas las posibles opciones que tiene una persona que lo ¨sabe todo¨, y concluí; que por solamente ser de esa manera, debería quedarse en el limbo cuando muera para que yo sea feliz pensando que el entrometido debe pagarlo eternamente, sin gozar de un paraíso ni sufrir en un infierno. Algo tan anti pacífico como eso.
Caramba, no puedo bregar con el fisgoneo, que de hecho, significa entrometerse. Póngase pa lo suyo, así quizá dedique más tiempo a sí mismo y hasta consiga éxito en algo.
Y pues ya eso, solo quería que el mundo supiera que... bueno eso. Compártelo si te da la gana.